Elena Díaz Rivas

 

Horus, el huérfano

 

 

Todos estamos familiarizados con la figura de Horus, el heredero legítimo al trono y del que todo faraón era la encarnación terrestre. Pero solemos pasar por alto los aspectos humanos de esta divinidad, como por ejemplo su condición de huérfano. Horus, el hijo de Isis, es amantado, criado y protegido por ésta. Horus, el hijo de Osiris, es el heredero de su padre. Pero uno de los personajes que acompañan la figura de Horus y que condiciona su historia es el dios Set, su contendiente. Tradicionalmente se ha atribuido la debilidad de Horus a su condición de infante por carecer de las cualidades propias de un adulto para poder vencer a este enemigo. Sin negar estas carencias de la niñez, la ausencia del referente paterno puede ser otra de las causas de la debilidad de Horus frente a Set. En la sociedad egipcia, la madre era la encargada de criar y proteger al niño; y el padre el encargado de educar y de transmitir la sabiduría y los preceptos morales al hijo. Horus tuvo protectora, pero no tuvo educador. Nuestra intención es indagar en la orfandad de Horus, un condicionante importante en la trayectoria de este dios.